H I S T O R I A S  E N  E L  A T R I O  D E  L A  I G L E S I A

México, 2.019 - 2.020

Este proyecto fotográfico comenzó con la idea de encontrar una forma que me permitiera conocer más este México, del cual quería entender muchas cosas. También que me permitiera sanar la ansiedad que me producía no saber qué pasaría con mi futuro, un poco incierto por esos días. Que me permitiera aprender a conectar mejor con las personas, entender que es lo que quiero contar sobre ellas y cómo. Fue así como un día decidí entrar al Atrio de la Iglesia y quedarme allí solo un rato, observando qué pasaba, tomando fotos. Entendí en ese momento, que se iban a necesitar varios viajes y que seria muy interesante entender la dinámica de este lugar por más tiempo. 

Así entonces, durante aproximadamente diez semanas, todos los jueves y algunos domingos, visité el atrio de la Iglesia de la Virgen de Zapopan en Guadalajara, México y otros atrios de Iglesias que visité en el camino. Durante estos más de diez viajes fotográficos que hice en casi cinco meses, logré entender la maravillosa terapia que era para mí, venir a ver y sentir, esta especie de micro mundo de momentos y de historias que no había imaginado, me olvidaba de todo lo incierto de mi vida y de la ansiedad que me acompañaba por esos días.

Entendí la importancia de los atrios en las iglesias. Lugares abiertos a todos, en los cuales suceden infinidad de cosas, se conocen personas, se venden lentes, hierbas, frutas, se pasa el rato comiendo un elote o charlando con el vecino, que de repente se vuelve amigo. Lugar donde enfermos y personas de la tercera edad vienen a pasar el rato y encontrar alguien con quien hablar. Y sí, lo que hace el afán, siempre visitaba estos lugares de entrada por salida y solo bastó una vez, que me quedé sentada, solo esperando a ver qué pasaba, que entendí al belleza de hacerlo y no solo eso, sino de hacerlo por varios días. Observar todo lo que pasa en la salida de la Misa del domingo, la fé, las bendiciones, las flores, las compras, los niños jugando, el barrendero que me saludaba, los vendedores aprovechando, el invidente que un día acompañé al baño. Los turistas y los que vienen de afuera a mostrar sus bailes y cultos a Los Santos. Observar lo que pasa cuando no hay misa, cuando piensas que no pasa nada, pasa todo. Una dinámica de compartir, de encontrar compañía, todo alrededor del símbolo de la iglesia.

Descubrí que así como a todos ellos, a mí también me encantaba ir, conectar, solo mirar, como cuando ves la tele, pero de verdad, estar en ese momento, en el presente. Dejar pasar el tiempo, sin contarlo, sin ningún afán. Imaginar las vidas de todos, sus casas y mas profundo, sus motivos. Esa especie de magia que hay en imaginarte la vida de las personas, tomarles fotos, hablar con ellas, conectar. De abrazar mi ansiedad y entender que en el Atrio de la Iglesia, todas estas historias, inesperadas, chistosas, tristes y de esperanza, me trajeron de vuelta  al presente.

Empecé diciendo que quería encontrar algo que me ayudara a entender este país, pero realmente cada vez que iba, me encontré más a mí. Fue así como un domingo, ví al padre entregando bendiciones y pensé que me hubiera gustado una para mi. Para variar, lo pensé tanto, que no lo hice. Luego, después de unos días, pensé que sería una bonita forma de darle fin a este proyecto, teniendo en cuenta que además, mi estadía en México terminó y pronto regresaré a Colombia.  Entonces, uno de esos domingos antes de regresar, fui a buscar al padre. Y ya no lo encontré. - Me contó Fray Juan Pablo que pertenecía a una orden de San Francisco de Asís, en cuyo monasterio tienen un cultivo de flores. El solo viene algunos domingos, una vez al mes, a entregar flores y bendiciones. Le mandé con él las fotos que le tomé. Me regreso con la esperanza de que las vea. Mientras tanto, Fray Juan Pablo me dio su bendición y me deseó feliz regreso.