H I S T O R I A   D E  I V A N  Y  U N  P I S O

Chía, Agosto de 2.020

Esta es la historia de Iván, o Ivancho, como terminó diciendole mi esposo después de verlo casi todos los días por un mes. Es la historia de él, el Maestro que hizo el piso de iglesia que siempre quise tener en mi casa.

 

Cuando descubrió que ese era el piso que ibamos a poner, lo miró con cautela y hasta con un poco de respeto. Si me dí cuenta que no iba a ser fácil ponerlo por su mirada, pero nada pues a hacerle, que hay que terminar la obra, pensamos todos.

 

Al tercer día de estarlo poniendo llegó de mal genio. No le rendía, se dió cuenta que se iba a demorar el doble de lo que se demoraba en todas sus obras. Yo desde lejos, solo lo observaba, como si me observara a mí misma. Me pasa muy seguido esto de querer por mucho tiempo hacer algo y cuando ya estoy en eso, me lleno de impaciencia y trato de dejarlo. Para poner este piso artesanal y de mosaico del siglo pasado, se requiere paciencia infinita, maestría y concentración absoluta. Hay que saber.

 

Así pasaron 10 días, Iván con toda la paciencia y dedicación seguía trabajándole a mi piso. Cada día llegaba, lo miraba con la paciencia del maestro y seguía. Para mi alegría, no desitió. Ese día salí a hablar con él y como ví que andaba de buen genio, le dije que me gustaría mucho tomarle unas fotos a él, porque me parecía que había hecho un trabajo tan hermoso en mi casa, que quería documentarlo y reconocerlo de alguna forma. De inmediato me dijo que sí. 

 

Tomando las fotos, supé que lleva mas de 20 años en el oficio, cómo empezó y sus esfuerzos por estudiar Ingeniería. Me contó de su hijo, de que anda validando el bachillerato, de que experiencia ya la tiene toda, pero quiere estudiar.  Poco a poco mientras charlabamos y yo tomaba fotos, el seguía trabajando y poniendo cada pedazo como si fuera el primero. Qué lección de paciencia y de trabajo con amor. 

 

Menos mal Iván sigue su camino, pero mi piso se quedó aquí sembrado. Para recordarme cada día que la paciencia hace al maestro. Es trivial, es un piso. Pero como siempre, es el proceso lo importante, la maestría de Iván y las lecciones que me dejó.